Día de la Poesía 2019: ¿Por qué se celebra el 21 de marzo?

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Tomado de: https://okdiario.com/curiosidades/dia-mundial-poesia-2019-que-celebra-21-marzo-3865660

Rosa 4

Cada año, como sucederá este también, el 21 de marzo, además de la entrada de la primavera, trae consigo el Día mundial de la Poesía 2019, donde se conmemora este maravilloso arte literario.

La iniciativa de consagrar un Día internacional a la poesía surgió en 1997 por parte del editor Antonio Pastor Bustamante, quien solicitó un 9 de abril de este año a la UNESCO que se celebrase una jornada destinada a promover este arte.

La UNESCO aceptó la solicitud y comunicó el éxito de la propuesta a su autor. Sin embargo, el día propuesto era el 23 de abril y, dado que esa misma jornada ya estaba consagrada al Día Internacional del Libro y los Derechos de Autor, el director de la institución, Federico Mayor Zaragoza, pidió que se buscase otra fecha que no coincidiera con una de tanta envergadura.

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SALOMÉ GUADALUPE INGELMO (Madrid, 1973)

En tierra inexplorada 

Sólo los separa el Leteo; casi puede tocarla. El autor se dispone a atravesar la cautivadora corriente, aun a riesgo de quedar aprisionado en el Hades. Pero entonces lee en sus ojos: ella ya no es su Virginia, ya no le reconoce. Súbitamente el grácil cuerpo se pliega. Tras el violento golpe de tos, ella observa el cándido pañuelo con resignación y tibia melancolía. Muestra al desconocido la mancha que se extiende implacable. Le ofrece un adorable mohín a modo de disculpa. Se hace tarde; debe regresar a casa.

A miles de kilómetros, las olas del mar gélido rompen contra los acantilados. Es octubre y hace frío, pero la ventana abierta aguarda el improbable regreso de Annabel.

“¡No cerréis el ataúd, ella aún vive!”. El escritor despierta sobresaltado. Las lágrimas han fluido inconscientemente mientras dormía sobre su escritorio, y ahora es su último poema el que parece llorar ríos de tinta. Sabe que regresará junto a ella, pero no puede esperar todo un día. Entonces abre el cajón que siempre permanece cerrado con llave y, fingiendo no ver los insidiosos recortes de periódico, extraer el precioso frasquito. Aprieta los labios contra la fría boca y bebe de ese beso lenitivo. Tras algunos minutos, la voz infantil acude acompañada por el lánguido lamento del arpa que ella solía tocar. Revolotea tímidamente por la habitación. Cuando está a punto de posarse en su hombro, el sombrío cuervo grazna “nevermore” y el animalito huye asustado.

Lo persigue por un Baltimore desierto, entre los glaciares y la bruma de los opiáceos y el alcohol, hasta caer exhausto. No se resiste cuando un vagabundo le propone que intercambien sus chaquetas.

Siente tanta piedad que finalmente decide entregársele. No ve esas ropas raídas que ni siquiera le pertenecen. Ella sabe quién es él realmente, no necesita leer los recortes de su cajón. Bajo el tupido velo de novia, Edgar reconoce inmediatamente el rostro pálido como la nieve: la ha cortejado desde su juventud. La enorme figura etérea avanza con los brazos abiertos, dispuesta a acogerle en su seno. Esta vez, para siempre.


Salomé Guadalupe Ingelmo, En tierra inexplorada, en la revista digital miNatura. Revista de lo breve y lo fantástico 103, julio-agosto 2010, p. 26